jueves, 7 de agosto de 2008

Prince Of Swordsmen 1: Velocidad Cegadora

Una de las heladas noches de invierno, el príncipe ve interrumpidos sus sueños por una pesadilla. El sobresalto no le deja volverlos a conciliar así que toma la decisión de salir de las paredes que le mantienen en aquel monasterio. Sus pasos firmes se dirigen hacia un bosque cercano hasta donde llega empuñando la espada de su padre. En el más oscuro de los silencios, un viejo monje le sigue, se trata de su maestro de artes marciales que también, desde la muerte de su padre, es su tutor. Los rayos de luz de la Luna ofrecen destellos sobre el frío metal de la espada del príncipe, con la que éste entrena mientras su maestro lo observa en la oscuridad. Éste, intrigado por la salida del príncipe, le pregunta el por qué de su escapada nocturna y Kenji decide contarle su pesadilla. En ella veía a un hombre muy parecido en sus rasgos a él , malherido, enfrentándose a casi un centenar de adversarios... una y otra vez ese sueño, siempre la misma escena, noche tras noche le atormentaba, había pensado tantas veces en él... ¿sería una visión del futuro? ¿o quizás un recuerdo de la última batalla de su padre? Su maestro, atento a la desesperación del príncipe, le aconseja que deje de pensar en ello y que sólo se concentre en sus entrenamientos. Después de la conversación, ambos deciden volver al monasterio para descansar.
A la mañana siguiente, muy temprano, un emisario del rey se presenta en el monasterio con el objetivo de anunciar el inicio de la guerra. Se solicitan a todos los hombres fuertes para defender al país. El príncipe no es japonés de nacimiento, a pesar de ello, se ofrece para participar en la lucha. Al principio se le niega esta posibilidad pero, ante la falta de hombres, en el último momento, se le permite el acceso. El mismo día de comunicárselo, tienen que partir hacia las afueras del país. El príncipe está emocionado, piensa que se dirige hacia la oportunidad perfecta para aprender verdaderamente el arte de la espada.
El jefe de su grupo se llama Yamato, es un hombre alto, de pelo largo y negro, con aspecto serio e intimidante y sin ninguna duda, bastante fuerte. El príncipe trata de llamar su atención para que le enseñe algunas técnicas, pero sus intentos no consiguen ningún resultado, es más, Yamato le prohíbe entrenar para que no pierda las fuerzas que deberá emplear, sin duda, en la guerra que se avecina.
Al oscurecer, el grupo acampa para pasar la noche. Cuando por fín todos duermen, Kenji escapa para entrenar, no puede perder tiempo para hacerse cada vez más fuerte. Por el camino, se cruza con tres bandidos que, aprovechando que todos dormían, pretendían asaltar el campamento de guerreros. El príncipe se ve con oportunidades para acabar con esos tres sujetos, pero no contaba con que de la oscuridad surgieran cinco bandidos más. Rodeado, y sin una oportunidad para escapar, el príncipe lucha con todas sus fuerzas pero su espada es tan pesada y sus adversarios tan rápidos que el príncipe ve cada vez más cerca su derrota. Aunque logra herir a uno de ellos, Kenji es derrotado por todos los demás y el príncipe, herido, pierde su espada. Tendido en el suelo, el miedo le impide moverse, sólo espera divisar algún ápice de piedad en la mirada de los bandidos, sin embargo no lo encuentra. Uno de ellos realiza el último ataque que sin duda alguna está destinado a acabar con su vida pero... como de la nada, aparece la mano de Yamato que es capaz de interceptar el movimiento. Una sensación de alivio invade cada una de las partes del cuerpo del príncipe, sin embargo, la duda tambiés se hace presente y es que sinceramente, no cree que Yamato pueda salir victorioso de la lucha. Se trata de una batalla de uno contra ocho, no puede acabar con todos ellos, sólo queda una opción, Kenji debe sacar fuerzas de donde sea, debe ayudar a Yamato pero... ¿a dónde ha ido? ¡ha desaparecido! Todos lo buscan con la mirada perpleja.. es... como si nunca hubiera estado allí. Kenji observa incrédulo la escena; uno de los bandidos cae de repente al suelo, sangrando. Pero no es el único, tres de sus compañeros le siguen, de la misma forma, por alguna siniestra razón caen al suelo sangrando. No se lo pueden explicar, ¡no pueden ver a Yamato!... ¿es que acaso se ha vuelto invisible? Por un momento parece que logran verlo, es él, aparecido desde la nada. La misma nada que les ha hecho caer al suelo sólo unos segundos después de la visión. Yamato, con su expresión inquebrantable, parece no haberse movido nunca del sitio. El príncipe observa incrédulo la escena... ¡¿Yamato puede hacerse invisible por algún tipo de magia o brujería?!, su ojos atónitos miran a Yamato y antes de que articule ninguna palabra éste, sin apenas mirarlo le responde, “sólo he sido muy rápido”. ¡¿rapidez!?, ¿es eso?, el príncipe, entusiasmado se levanta rápidamente del suelo, se acerca a Yamato y sólo es capaz de articular las palabras que expresan sus nuevos deseos: “quiero ser tu discípulo... yo... yo quiero aprender a pelear también a esa velocidad que no se puede seguir ni con la vista”.

1 comentario:

Atlas/Mogly dijo...

La verdad es que debo darle las gracias a la magnifica redactora de esta historia que es mi queridisima amiga Sary, quien reescribió la historia para que quedara tan genial, muchisimas gracias a ella y muchisimos besos