Después de un tiempo tras el encuentro con los bandidos, Kenji ya se ha recuperado de sus heridas más graves y continúa, junto con sus compañeros, en su viaje hacia la frontera para proteger al país de la guerra que se aproxima sigilosa pero rápidamente. La respuesta de Yamato a la petición de Kenji ha sido simplemente un rotundo "no", Yamato no está dispuesto a perder el tiempo entrenando a un joven sin talento y, por supuesto, no digno de sus enseñanzas. ¿No digno?, si Yamato supiera que Kenji es el hijo del King of Swordsmen... Aún así, el príncipe se muestra reacio a aceptar la negativa de Yamato y pasa mucho tiempo observándole para aprender su técnica. En una de esas ocasiones en las que Kenji observa a Yamato en silencio, ve que se desprende del grupo, el príncipe le sigue intrigado para saber a donde se dirige. En el camino, Yamato se encuentra con unos bandidos y Kenji ve la oportunidad perfecta para sorprender al jefe; cuenta con el factor sorpresa así que, sin previo aviso, salta en su ayuda y de un sólo golpe certero, derrota a uno de los oponentes. La confusión parece apoderarse del resto de los bandidos y Kenji sabe aprovecharla para derrotar a cuatro más. Aunque Kenji aún tiene algunas heridas de la última batalla, no se comparan con la emoción y las energías que le invaden por impresionar a Yamato quién pone punto y final a la pelea. Kenji está sorprendido... seguramente Yamato se había percatado de la presencia de los bandidos y se había apartado del grupo para atacarlos. La admiración que Kenji siente hacia Yamato es cada vez mayor y no puede ocultar sus deseos de ser como él. En el camino de regreso para reunirse con el resto del grupo, un nuevo bandido intenta atacar a Yamato por la espalda pero Kenji, con las manos desnudas, intercepta la espada a la vez que Yamato derriba al hombre. El jefe no puede negar que se siente impresionado por las enormes ganas y el esfuerzo del príncipe, así que decide acceder a su petición y enseñarle algunas cosas.
Como un buen maestro, lo primero que Yamato enseña a Kenji es la teoría y, para ello, le da una lección básica:
-"El nivel de un Swordsman se mide por su velocidad, ya que si eres más rápido que tu rival su fuerza le será inservible, es cierto que se necesita trabajo duro para perfeccionarse pero sin talento de nacimiento, no sirve de nada."- afirma Yamato con su semblante siempre serio.
Pero no sólo de teoría se trata; tras la explicación, Yamato pone a prueba a Kenji y efectivamente, el príncipe es rápido pero no alcanza las expectativas de Yamato. Kenji, cansado, deja caer su espada que llega al suelo produciendo un ruido ensordecedor. Yamato observa detenidamente la espada que ha quedado tendida en el suelo y se da cuenta de que es muy pesada, la recoge y asombrado comprueba que le cuesta mucho moverla, ¡pesa ocho veces más que una espada normal! Yamato está muy interesado por la espada violeta de Kenji pero prefiere no preguntar. La mirada del jefe se dirige ahora hacia las muñecas y los tobillos de Kenji en cada uno de los cuales lleva pesos. Sin ellos, seguramente podría haber vencido a los bandidos él solo. No cabía duda de que el monje que lo entrenaba sabía perfectamente lo que hacía. Kenji, tras liberarse de los pesos, es muchísimo más rápido, más que cualquier persona ordinaria, podría vencer a cualquier swordsman de nivel bajo. Pero aún así, su velocidad ni se aproxima a la velocidad extrema de Yamato, aquella que lo hace invisible por momentos.
El jefe decide enseñar a Kenji una nueva técnica, la finta: siempre que luche contra más de un adversario, puede jugar con la trampa y el engaño. Debe hacer creer a uno de sus adversarios que dirigirá un ataque hacia él y, luego, situarse rápidamente detrás y, aprovechando la desconcentración del enemigo, derribarlo y así con todos los demás, pero ya que el príncipe no es tan rápido como para realizar esa maniobra en lugar de ello puede atacar al enemigo desde un lado o desde otra posición que haya tenido tiempo de alcanzar tras la finta. En un combate desequilibrado una finta es esencial para la victoria. Kenji está muy agradecido de que Yamato le confíe uno de sus secretos.
Después de un agotador y largo día entrenando, Kenji y Yamato vuelven junto al resto del grupo y acampan para descansar. Kenji, exhausto pero bastante satisfecho por haber aprendido tanto de su nuevo maestro y amigo, se va directo a su tienda para descansar pero se da cuenta de que, por error, se ha quedado con la espada de Yamato y, seguramente, él tendrá la suya así que el príncipe decide ir a verlo para recuperar su espada pero su nuevo maestro no está en su tienda. Sus ojos perciben un movimiento y de reojo cree ver la sombra de un hombre que se dirige al bosque, parece ser Yamato así que Kenji lo sigue. El príncipe atónito, no da crédito a lo que ven sus ojos. Yamato se reúne con un grupo de hombres que son, nada más y nada menos que ¡los bandidos de antes! El jefe habla con ellos con toda confianza y entablan una conversación que Kenji puede oír. En ella, Yamato pide disculpas a los bandidos por la paliza de antes. Los pensamientos de Kenji son confusos pero aquello sólo pueden tener una explicación que el príncipe no puede ni quiere creer: ¡Son aliados, Yamato trabaja con ellos! Pero la sorpresa mayor llega cuando Kenji escucha que están planeando atacar el campamento aprovechando que todos duermen. También hablan de que el poblado ha sido atacado ya que, tras la salida de los guerreros, había quedado desamparado. Kenji no sale de su asombro: ¡Todo era una trampa para desproteger al país! y, sobretodo, lo que Yamato realmente es, sólo se puede definir con una palabra: TRAIDOR.
Como un buen maestro, lo primero que Yamato enseña a Kenji es la teoría y, para ello, le da una lección básica:
-"El nivel de un Swordsman se mide por su velocidad, ya que si eres más rápido que tu rival su fuerza le será inservible, es cierto que se necesita trabajo duro para perfeccionarse pero sin talento de nacimiento, no sirve de nada."- afirma Yamato con su semblante siempre serio.
Pero no sólo de teoría se trata; tras la explicación, Yamato pone a prueba a Kenji y efectivamente, el príncipe es rápido pero no alcanza las expectativas de Yamato. Kenji, cansado, deja caer su espada que llega al suelo produciendo un ruido ensordecedor. Yamato observa detenidamente la espada que ha quedado tendida en el suelo y se da cuenta de que es muy pesada, la recoge y asombrado comprueba que le cuesta mucho moverla, ¡pesa ocho veces más que una espada normal! Yamato está muy interesado por la espada violeta de Kenji pero prefiere no preguntar. La mirada del jefe se dirige ahora hacia las muñecas y los tobillos de Kenji en cada uno de los cuales lleva pesos. Sin ellos, seguramente podría haber vencido a los bandidos él solo. No cabía duda de que el monje que lo entrenaba sabía perfectamente lo que hacía. Kenji, tras liberarse de los pesos, es muchísimo más rápido, más que cualquier persona ordinaria, podría vencer a cualquier swordsman de nivel bajo. Pero aún así, su velocidad ni se aproxima a la velocidad extrema de Yamato, aquella que lo hace invisible por momentos.
El jefe decide enseñar a Kenji una nueva técnica, la finta: siempre que luche contra más de un adversario, puede jugar con la trampa y el engaño. Debe hacer creer a uno de sus adversarios que dirigirá un ataque hacia él y, luego, situarse rápidamente detrás y, aprovechando la desconcentración del enemigo, derribarlo y así con todos los demás, pero ya que el príncipe no es tan rápido como para realizar esa maniobra en lugar de ello puede atacar al enemigo desde un lado o desde otra posición que haya tenido tiempo de alcanzar tras la finta. En un combate desequilibrado una finta es esencial para la victoria. Kenji está muy agradecido de que Yamato le confíe uno de sus secretos.
Después de un agotador y largo día entrenando, Kenji y Yamato vuelven junto al resto del grupo y acampan para descansar. Kenji, exhausto pero bastante satisfecho por haber aprendido tanto de su nuevo maestro y amigo, se va directo a su tienda para descansar pero se da cuenta de que, por error, se ha quedado con la espada de Yamato y, seguramente, él tendrá la suya así que el príncipe decide ir a verlo para recuperar su espada pero su nuevo maestro no está en su tienda. Sus ojos perciben un movimiento y de reojo cree ver la sombra de un hombre que se dirige al bosque, parece ser Yamato así que Kenji lo sigue. El príncipe atónito, no da crédito a lo que ven sus ojos. Yamato se reúne con un grupo de hombres que son, nada más y nada menos que ¡los bandidos de antes! El jefe habla con ellos con toda confianza y entablan una conversación que Kenji puede oír. En ella, Yamato pide disculpas a los bandidos por la paliza de antes. Los pensamientos de Kenji son confusos pero aquello sólo pueden tener una explicación que el príncipe no puede ni quiere creer: ¡Son aliados, Yamato trabaja con ellos! Pero la sorpresa mayor llega cuando Kenji escucha que están planeando atacar el campamento aprovechando que todos duermen. También hablan de que el poblado ha sido atacado ya que, tras la salida de los guerreros, había quedado desamparado. Kenji no sale de su asombro: ¡Todo era una trampa para desproteger al país! y, sobretodo, lo que Yamato realmente es, sólo se puede definir con una palabra: TRAIDOR.
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